“ lisboa ofrece una apreciable variedad de alternativas para un noble suicidio” dijo antonio tabucchi
madrid no
a madrid vienes siempre,llegas a vivir, un tramo central de tu vida, tal vez el inicio de algo grande o algo extremadamente seco y doloroso como arena en la boca, pero nunca a morir
no me quiero morir en madrid, no quiero que me entierren al sol,
si es una muerte accidental sería triste
si es una muerte pactada sería vacía, sin contenido
no hay ni torres eifeles, ni mar para saltar, ni puentes sobre el río
por haber no hay ni río, la única capital europea sin río navegable, ahora es mas triste porque no hay ni río, el manzanares está seco lo estan recolocando para que no entorpezca los túneles… como el que mueve un sofá porque no le gusta donde está
no hay un tranvía que corte nuestro paso, sólo taxis y dejar todo esto por un taxista sería igual de vacío, y estoy seguro de que al año muere gente atropellada por taxistas, y son mas muertes vacías
y madrid está lleno de muertes vacías, sin condimentos, en discotecas, en pasos de cebra o en partidos de futbol
todo esto viene porque el puente de la carretera de segovia hay paneles de cristal para que no te puedas ni asomar, de echo la ultima muerte data del año 2000 cuando un especialista saltó fingiendo un suicidio para una película y algo falló
hasta los suicidios en madrid son fingidos, hasta los suicidios fingidos en madrid son reales
Madrid es triste a su manera… Pero como dicen los Def Con Dos, ten pánico a una muerte ridícula!!
solo estuve en madrid una vez para una boda, pero no me pude fijar mucho…
aunque es verdad que siempre me ha parecido una ciudad sin nada mas interesante que la moncloa o los edificios del govierno
me recomiendas barcelona para estas vacaciones??
Estoy de acuerdo. Madrid es limitadamente romántica. Más para la vida. Pero más para la muerte. Pero, sí. Es posible encontrarse con la Muerte, con M Mayúscula, en esta ciudad. En el Faro de Moncloa; saltar desde 90 metros sobre 300 personas; pasar a través de la caída desde un restaurante giratorio hasta un intercambiador de autobuses. ¿Qué mejor manera de reunirse con el fín de la vida que en un intercambiador? Madrid y la muerte pueden ser vacías. Pueden serlo. Realmente, en serio. Pero no lo son. Porque en ambas, allí dentro, en el mismo centro de cualquier periferia, es posible encontrar. Algo. Alguien. A uno.
La vida es más vacía, estoy de acuerdo. Pero más es la muerte. En Madrid. Aquí. Allá. Parece que irse al Otro más Allá debería hacerse desde un Más Aquí que fuera “más” que “menos”, que fuese menos vació y la vez más lleno: de vida, de gente, también de lugares diferentes; lugares que parezcan conectar lo vivo con lo muerto. Un lugar así es díficil de encontrar, lo admito. Díficl de hallar en Madrid. Pero los hay. ¿Uno? El Faro de Moncloa. ¿Qué mejor lugar para saltar que uno en el que caes en pleno Intercambiador de autobuses? ¿Dónde mejor para intercambiar la vida, de uno y de todos los que hay en uno, con la muerte, de nadie y de todos, que un “intercambiador”?